Partido madrugador en el coliseum de Hortaleza. A eso de las 8:15 de la mañana, cuando los pequeños futboleros se iban aproximando al recinto, ya se respiraba mañana de emoción, deportividad y buen fútbol.
A las 9:00, tras el pitido inicial, como empujados por la premura del horario, el equipo visitante salió en tromba, cercando la portería de Figuerol –el meta local-. Una primera llegada por la banda izquierda fue atajada en valiente salida por el portero local. El dominio prosiguió, hasta que unos minutos más tarde, desde la medular, filtraban un milimétrico pase por detrás del defensa local. El delantero visitante definió por raso y con temple subiendo al marcador un merecido 0-1.
Con el paso de los minutos el partido se fue, primero equilibrando, para más tarde adelantar el equipo local líneas, momento en que se produjo una de las llamadas jugadas claves. Esas que marcan el devenir de los encuentros. A saber; falta al borde el área visitante, el mister local mueve el banquillo, y saca a Quique. Como si de un francotirador se tratase, entrecerró los ojos, oteó su victima y disparó con fuerza, sorteando la barrera, y aunque el meta tocó el misil no pudo hacer nada para evitar el empate. Lo sorprendente de la acción fue que tras el gol, el mister local lo volvía a sentar en el banquillo, como si de un cambio de balonmano se tratase.
Continuando con el partido, el gol espoleó al D, que se volcó sobre la portería visitante, hasta que a la salida de un córner, el balón quedó suelto a unos metros fuera del área, apareciendo Egea y golpeando el balón con el alma. El esférico entró por alto, junto al palo, elevando el 2-1 al electrónico.
Este gol dejó tocado al G, momento que aprovechó Mikel en una arrancada desde la línea de medios por la izquierda, sorteó a un par de rivales y soltó un latigazo raso al entrar al área que ponía el 3-1 con el que acababa la primera mitad.
La segunda parte comenzaba con la misma tónica con la que terminó la primera, y en otro corner de laboratorio, Enciso puso el pase de la muerte para que Colmenero, desde el balcón del área, acomodará su interior derecha y alojara el cuero en la red, firmando el 4-1.
El equipo que ejercía de visitante se intentó estirar, pero los ataque morían en los pies de la defensa local, especialmente el los cortes que realizaba su defensa Tony. Aún así, el G lo intentaba en hábiles triangulaciones, aunque en una de ellas, Egea cortaba la pelota, internándose por su derecha y convirtiendo el quinto de tiro raso cruzado. Minutos después con la entrada de Sergio, el D continuaba con la presión.
Quique volvía a anotar tras asistencia de Figuerol. Minutos más tarde, el propio Quique pasaba a Ryan, que como un auténtico killer del área, definía a un toque desde el borde del área con un obús imparable, próximo a la escuadra.
Aún habría tiempo para que el G en un alarde de orgullo buscara acortar distancias. Tras un par de muy buenas acciones, una internada por la derecha y tras varios driblings, ponían un centro en el corazón del área convirtiéndolo en un golazo y en el definitivo resultado de 7-2. A destacar al final la deportividad en la grada entre las dos aficiones

