Viernes 4 de Noviembre de 2016. 17.30 horas. Los padres mirando al cielo, rogando que pare de llover. Los chavales, en el vestuario, pidiendo el dorsal de su ídolo para poder honrarlo en el campo. Media hora para que comience la primera temporada de sus carreras futbolísticas. Ilusión. Ganas. Nervios.

Calentamiento intenso, en el que las risas se mezclan con palabras de ánimo y una duda constante: “Míster, míster…aunque llueva vamos a jugar, ¿no?”. Imposible decirles que no.

Por fin llega la hora del inicio. Los elegidos para empezar la primera parte son Oliver, en la portería. Keko y Sebas en el centro de la defensa. En el centro del campo Hugo, box to box donde los haya. La banda derecha la correrá Rodri, la izquierda Morgan. Y arriba, como punta de lanza, Gon. Arranca el partido, y con él más lluvia. Campo rápido y nervios a flor de piel dan lugar a unos primeros 10 minutos de locura total.

Fútbol sin control, partido sin dueño. Imprecisión tras imprecisión hasta que, por fin, en una contra magníficamente dirigida por Jesús (que había salido al campo minutos antes), Gon se pega una galopada épica hasta plantarse delante del portero y materializar la ocasión con una sangre fría y una calma que ni Ronaldo Nazario.

 

1-0, éxtasis total, celebración megaestudiada y vuelta a empezar. Los siguientes minutos son de duda: ¿Vamos a por el segundo? ¿Nadamos y guardamos la ropa?. Antes de que se den cuenta, el árbitro pita dos veces y finalizan los primeros 15 minutos.

3 minutos de reunión de equipo, en un perfecto círculo, con los brazos entrelazados por encima de los hombros, en los que decidimos que lo mejor será ser valientes en la segunda parte e ir a cerrar el partido por la vía rápida. Otros siete elegidos.

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Esta vez salimos al campo con Rodri en la portería, Abraham y Adri en la zaga, Alex por el costado derecho, Tomi por el izquierdo, Jesús en la sala de maquinas y Hugo en punta. La segunda parte es una avalancha de fútbol y ocasiones, en las que los chicos logran superar la defensa rival una y otra vez. Al final, resultado demasiado duro para la AD Esperanza, que compitió muy dignamente pese al resultado final los 30 minutos de partido (5-0 se cierra acta, señor colegiado, que nadie le va a decir nada). Tres pitidos, caras de satisfacción y saludo respetuoso a los compañeros del otro equipo. Y aplausos a la grada, la parte que más gusta y enternece a los papis.

 

Vuelta al vestuario, donde son felicitados por mamá y papá por el esfuerzo realizado, y de donde se marchan con una sonrisa en la cara. No ha estado nada mal para ser su primera vez.